Ternura:
Algunos seres despiertan nuestra ternura: un cachorro, un árbol a punto de brotar, un abuelito… La ternura es cercanía, afecto y  compasión.  Sentimos ternura ante personas, seres y objetos indefensos o que no parecen amenazadores.  ¿Dónde está la ternura?  La ternura está en tu interior. Pero son los demás los que abrirán las puertas de tu propia ternura. Su fragilidad despierta nuestro deseo de seres suaves, atentos, comprensivos.  La ternura es una invitación al amor.

Amor:
De todas las emociones, el amor es quizá la más contradictoria. Nos puede provocar una sonrisa gigantesca o una catarata de lágrimas.  ¿Qué clases de amor hay? – Amor romántico: cuando piensas constantemente en una misma persona… y verla te produce una mezcla de nervios y alegría. -Amor diligente: cuando haces tuyas la alegría o la tristeza de la  persona a quien amas y, además, siempre le deseas lo mejor.  Es un sentimiento puro y cálido.  El amor es lo opuesto al odio.

Odio:
El odio es una gran antipatía, un rechazo que sentimos hacia algo o hacia alguien. Como consecuencia, deseamos que le ocurra algo malo.  ¿Cuánto dura el odio?  Algunas veces, el odio dura mucho tiempo.
Otras, solo un ratito.  Puedes sentir un odio fugaz hacia una persona, pero eso no significa que la hayas dejado de querer.  Si el odio nos mueve a la acción, sucumbimos a la ira.

Ira:
También conocida como “rabia”, “cólera” o “furia”.  La ira es velocísima: te domina y se va casi sin que te des cuenta. Por lo general puede adueñarse de ti en situaciones que consideras muy injustas o que atentan contra tu bienestar.  ¿La ira es útil?  En una sociedad civilizada, no; porque la ira es una emoción que no deja pensar. Te hace reaccionar como un animal que es atacado por  otro.  Y puesto que no vivimos entre bestias salvajes, nuestras malas reacciones nos suelen meter en problemas. Por eso, es mejor evitar  que la ira tome el control mientras estemos a tiempo. Por ejemplo, al sentir un poquito de irritación.

Irritación:
El mundo está lleno de colores, olores, sonidos… Unos nos agradan siempre; otros solo un momento. Algunos nos disgustan. Y otros nos instalan dentro y no podemos dejar de pensar en ellos.  El ladrido de un cachorro puede desertar ternura, pero ¿y si no deja de ladrar durante todo el día?  ¿Qué sucede cuando te irritas?  Cuando algo te irrita eres muy consciente de tus sentidos. Algo molesto pasa a ser irritante cuando crees que ya no puedes soportarlo  más.  Una irritación muy duradera nos lleva a sentir tensión.

Tensión:
Algunos la llaman “estrés”.  La tensión nace cuando nos enfrentamos a situaciones que consideramos amenazantes.  Tres ejemplos: -Llegar a un nuevo colegio o barrio. -Estar en medio de una discusión acalorada. -No tener la lección estudiada cuando el profesor está haciendo  preguntas.  También se produce tensión cuando hay intereses enfrentados. Por ejemplo: Tú deseas cantar y tu mamá desea dormir.  ¿Qué ocurre cuando te sientes tenso?  Estás nervioso, impaciente y pierdes la calma con facilidad.  Si hablas de lo que te genera tensión con alguien en quien confías, experimentarás un gran alivio.

Alivio:
Experimentamos alivio cuando nos libramos de un peso, cuando dejamos de percibir una amenaza o cuando nos disculpamos.  Por ejemplo, sentirás alivio al terminar un examen, al ver que un peligro se aleja o al reconocer un error.  El alivio significa que una sensación o situación desagradable ha terminado.  ¿Cómo llega el alivio?  Suele venir acompañado de relajación.  Aliviadas las dificultades, reaparece la paz, nos sentimos tranquilos.  Es el camino hacia la serenidad.

Serenidad:
La serenidad es una sensación de calma y armonía. Nace en lo más profundo de tu ser y se extiende hasta llegar a los ojos.  Una persona serena es tranquila, apacible y, además, pide las cosas con amabilidad y dulzura.  ¿La serenidad ilumina la mente?  Sí. Lo hace a través de los ojos, otorgándole una visión especial. Un superpoder, con el que puedes ver más claro lo que sucede y lo que  ha sucedido. Por eso, por ejemplo, se te pasa el enfado al ver que algo no tenía realmente importancia.  Curiosamente, la serenidad se puede ejercitar como si fuese un músculo. Y entrenarla ayuda a aumentar nuestra felicidad.

Felicidad:
La felicidad es diferente para cada persona. Somos felices cuando disfrutamos de nuestras capacidades, de lo que podemos o sabemos  hacer.  ¿Qué te puede hacer feliz?  Plantar un naranjo, encajar las piezas de un puzle, hornear un pastel, montar un mueble, escribir un poema, resolver problemas de  matemáticas… Hay muchas actividades que te pueden hacer feliz, si las ves como una oportunidad para disfrutar.  La felicidad es una sensación de satisfacción hacia tu propia persona, no la confundas con alegría.